''Papeleras, una imagen por mil palabras''
Primero la imágen...
ahora las palabras... y realmente no hay mucho más que decir, quieren contaminar el río por un rédito económico, lo harán, quieren destruir tratados y la buena conexión que siempre hubo entre argentinos y uruguayos, lo lograron, no quieren más turismo, ni playas, peces, agricultura a cambio de un negocio de mil millones de dólares, van por el camino correcto.
Lo que me doy cuenta, es que cuando esto se termine de dirimir en la corte de La Haya, puede que sea demasiado tarde, la destrucción primaria estará hecha, Argentina debería resolver este caso pero... esto es realmente grande.
En esta página (http://novoyatirarlatoalla.blogdiario.com/tags/Pasteras./) encontré un excelente informe que lo podría resumir en lo siguiente.
Las empresas de celulosa de Finlandia (UPM/Kymmene, Metsa Botnia, M-Real, Stora-Enso) se cansaron de contaminar agua aire y salud de la población de ese país, el Lago Saimaay en menos de un mes de inactividad (por presión de sus grupos ecologistas junto a más de 10 años de lucha) estando las operaciones de la fábrica suspendidas, se observó una fuerte caída de nitratos, de sodio y de fósforo, así como una menor Demanda Química de Oxígeno. Es decir, que , la calidad del agua mejoró sustancialmente, demostrando así que las fábricas realmente contaminan, pero aún persisten importantes emanaciones de dióxido de azufre y de compuestos sulfurosos olorosos a cabo una serie de estudios acerca de los impactos de los compuestos sulfurosos olorosos sobre la salud humana. Estos compuestos son fundamentalmente el sulfuro de hidrógeno (H2S), el metil mercaptan (CH3SH) y los sulfuros de metilo [(CH3)2S y (CH3)2S2]. Los mismos son emitidos por fábricas de celulosa que utilizan un proceso con sulfato, que es el empleado por la mayoría de las fábricas de esta industria y por todas las del área visitada.
De los varios estudios realizados surge claramente que estos olores no son simplemente desagradables y molestos -que lo son-, sino que además impactan sobre la salud, en particular incrementando el riesgo de infecciones respiratorias agudas, problemas de la vista, cefaleas y problemas neuropsicológicos. Los estudios constataron, además, que estos compuestos ingresan a las viviendas de los habitantes locales, por lo que también están expuestos a los mismos dentro de sus casas y en materia de enfermedades se asocian a las fábricas de celulosa, asma, alergias y problemas de la piel.
Ninguna de las fábricas de Celulosas en Finlandia tienen el porte de la proyectada para Fray Bentos, Uruguay, cuya producción sería casi dos veces mayor que cualquiera de las existen allí. Por lo tanto, la contaminación sería al menos el doble o quizá tres veces mayor si también se instalara en Fray Bentos la planta de 500.000 toneladas de la empresa española Ence.
''La fábrica de Botnia se encuentra en Joutseno, en una zona llamada “Pulp”. Lo interesante es que “pulp” ni siquiera es una palabra en finlandés, sino que significa celulosa en inglés. Más interesante aún es que antes se llamaba Haukilahti, que en finlandés quiere decir “Bahía de los Hauki” (una especie de pez). De más está decir que ese nombre es cosa del pasado, ya que son pocos los peces de esa especie que han logrado sobrevivir. Una pobladora local nos acompañó a orillas del lago y nos contó los problemas sufridos a lo largo de su vida por causa de la fábrica de celulosa. Nos dijo que si bien la situación había mejorado, la pesca estaba prohibida cerca de la fábrica y que no se podía alimentar “ni a los gatos” con esos pescados. Si bien ahora el agua está mucho menos sucia que antes, igual es frecuente ver espuma sobre el agua. Nos contó, además, un chiste del humor negro local: “Ésta es la mejor playa para quienes quieran adelgazar, porque uno se mete en el agua y sale sólo con los huesos”.
Joutseno era una región eminentemente agrícola. Ya no lo es. Ahora su casi única actividad económica es la fábrica de celulosa. Su otra actividad es de “servicios”: una cárcel. Hasta un hospital para enfermos mentales dejó de funcionar. El turismo no existe y no pude pernoctar allí como quería, por la simple razón de que no hay ningún lugar donde alojarse.''
''Uno de los principales problemas ambientales asociados a la industria de la celulosa ha sido el de la liberación de un conjunto de sustancias sumamente tóxicas conocidas bajo el nombre genérico de dioxinas. Imaginé que éste sería uno de los principales aspectos del monitoreo ambiental en esta región. Para sorpresa mía, cuando pregunté a las personas encargadas del monitoreo del aire y a las responsables del tema agua, me respondieron que ni se hacía ahora ni se había hecho antes un seguimiento de estos contaminantes. Es más, no tenían ni idea de si alguien estaba haciendo ese monitoreo en otras zonas del país. Esto resulta un misterio, ya que de acuerdo con las afirmaciones de los representantes de UPM/Botnia en Uruguay y de los delegados finlandeses a la Conferencia de las Partes del Convenio de Estocolmo -que incluye a las dioxinas entre los contaminantes a ser eliminados-, parecía que en Finlandia el tema estaba bajo total control. Sin embargo, al menos en la zona recorrida (con tres grandes fábricas de celulosa), el tema dioxinas ni siquiera es conocido y mucho menos controlado.''
''Es importante saber que las fábricas de celulosa utilizan grandes cantidades de compuestos químicos peligrosos. Entre ellos se encuentra el dióxido de cloro (utilizado para el blanqueo de la celulosa), que es un gas violentamente explosivo. Sumado a todos los demás productos químicos que se utilizan en la producción de celulosa, resulta claro que estas fábricas implican un peligro químico latente y permanente. De acuerdo con informaciones de una integrante del Partido Verde finlandés, el Director del Organismo de Ordenamiento Territorial de la ciudad de Lappeenranta dijo que nadie debería vivir en el entorno de cinco kilométros de la fábrica de celulosa. Afirmó que ésa era una directiva de la Unión Europea y que la razón principal era, precisamente, la posibilidad de accidentes vinculados a los productos químicos utilizados en las plantas. Se nos dijo, además, que en las escuelas locales hay prácticas mensuales de seguridad, que incluyen el uso de máscaras antigás.''
Aparte de este informe la historia de la creación del papel es larga y altamente destructiva.
En general, la historia comienza en el bosque, las plantas de celulosa se dedican al procesamiento de la madera para la obtención de la principal materia prima para la producción de papel: la pulpa, o pasta. Generalmente se trata de grandes fábricas situadas en las mismas zonas donde se recolecta la madera, es decir cerca de bosques o plantaciones de monocultivos de árboles, donde se facilite el transporte de troncos abaratando así los costos de transporte. Básicamente la madera está constituida por lignina y fibras de celulosa y el primer paso para la obtención de pulpa consiste en triturar la madera sólida. Según los procesos utilizados se distinguen dos tipos de pulpa:
La pulpa mecánica
Los procesos mecánicos trituran la madera y liberan las fibras. Este procedimiento convierte hasta el 95% de la madera en pulpa pero conserva la lignina, lo que posteriormente le da un tinte amarronado o amarillento al papel. Este tipo de pulpa se emplea principalmente para papel de periódico y otros productos en los que la calidad de la impresión no es tan importante.
La pulpa química
La madera es transformada primero en pequeñas astillas y luego sometida a un cocimiento con productos químicos, seguido por un proceso de refinado. La extracción química separa la lignina de la celulosa para que ésta quede como producto final. Eso se logra mediante hidrólisis (reacción con agua) en condiciones de mayor temperatura, con uso de productos químicos y con un gran consumo de energía. Según el producto químico utilizado se distingue:
1) el proceso "kraft" o "al sulfato" (actualmente el más común), que cuece las astillas de madera con sosa cáustica;
2) el proceso "al sulfito" (que dominó la industria papelera desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX), que cuece las astillas de madera en una solución ácida; y
3) el proceso termomecánico químico, donde se calienta al vapor y se trata las astillas con productos
químicos antes de molerlas.
Según el proceso y el tipo de madera utilizada se obtienen distintos tipos de pulpa: de fibra larga (coníferas) y de fibra corta (el resto, con algunas excepciones). La importancia de esta diferencia con relación al papel es que el de fibra larga es más flexible, por lo cual se lo utiliza generalmente en papel periódico. La pulpa producida, tanto por procesos mecánicos como químicos, generalmente requiere ser blanqueada. Existen diversos métodos de blanqueo:
1) con cloro gas (también llamado cloro elemental),
2) libre de cloro elemental (ECF), que utiliza dióxido de cloro (dentro de esta técnica se ha desarrollado también el ECF que emplea ozono en las etapas iniciales del proceso de blanqueo y dióxido de cloro en la etapa final, y el ECF "mejorado", que elimina la mayor parte de la lignina que da el color amarillento antes del blanqueo, reduciendo así la utilización de energía y de productos químicos para el mismo) y
3) "totalmente libre de cloro" (TCF), es decir, que se trata de un blanqueo sin compuestos clorados, que utiliza oxígeno y peróxido de hidrógeno u ozono.
A mediados de la década de 1980 comenzó la discusión pública acerca del proceso de blanqueo de la celulosa. Los análisis revelaron una alta concentración de AOX (un parámetro que mide la concentración total de cloro vinculado a compuestos orgánicos en aguas residuales) en los vertidos de plantas de celulosa; posteriormente se encontraron también dioxinas. Dioxina es el nombre común para una familia de compuestos químicos (existen 77 formas diferentes de dioxinas), que presentan propiedades y toxicidad similares; aparecen como consecuencia de procesos térmicos que involucran productos orgánicos en presencia de cloro y tienen graves efectos sobre la salud y el ambiente, que se agudizan por sus propiedades de persistencia y acumulación.
La producción mundial de pulpa química blanqueada ha aumentado en los últimos 15 años de 56 millones a cerca de 90 millones de toneladas. Según cifras del año 2002, aproximadamente el 20% de la producción mundial de celulosa es blanqueada químicamente con el tradicional cloro gas y alrededor del 75% es blanqueado con dióxido de cloro en el proceso ECF, mientras que apenas poco más de 5% es blanqueado por el proceso TCF.
La historia termina con la producción y el consumo del papel producto del proceso. Lo que hace más triste todavía el final de la historia es que la mayoría de ese papel nunca estuvo destinado a satisfacer reales necesidades humanas, sino a crear niveles de consumo innecesarios que aseguren la rentabilidad de la industria de la celulosa y el papel. Pero la historia puede tener un final totalmente diferente. Es posible reducir el consumo en forma radical sin que se produzca escasez de papel. Un ciudadano francés consume anualmente 190 kilogramos de papel y cartón, en gran medida utilizados en empaque. ¿Por qué no podría un ciudadano finlandés bajar su consumo anual de 430 kilogramos a esa cifra? ¿Por qué no podrían los ciudadanos de EE.UU. bajar también su consumo per capita de 330 kilogramos? Pero incluso las cifras francesas implican un consumo excesivo y se podrían reducir a los 40 kilogramos que consume un ciudadano uruguayo promedio, cuyo propio consumo podría a su vez ser reducido fácilmente a niveles todavía más bajos.
En el mundo de hoy, es imposible siquiera equiparar el consumo de papel con la alfabetización; menos aún con el progreso. Los ciudadanos de los EE.UU. consumen actualmente 1,7 veces más papel per cápita que los británicos, cuatro veces más que los malayos y 83 veces más que los indios. ¿Significa que son 83 veces más instruidos que los ciudadanos de la India, 4 veces más instruidos que los malayos y 1,7 veces más instruidos que los británicos? Consideremos otro ejemplo, el incremento en un año en el consumo per cápita de papel en Suecia entre 1993 y 1994, fue el doble del total (!) del consumo per cápita en Indonesia.
Hoy, el mayor uso de papel --más del 40 por ciento de la producción—no está destinado a libros o periódicos, ni para cuadernos de apuntes de escolares, ni para hacer posible los estudios de estudiantes
universitarios indigentes, sino para empaques y envoltorios. Una proporción creciente del resto se dedica a publicidad, catálogos de órdenes por correo, correo chatarra, pañales descartables y papel para computadoras. Incluso en el Sur, donde existe una escasez de materiales de lectura y escritura, el foco principal de comercialización de papel no está dirigido a los artículos de apoyo a los programas de alfabetización, sino a los pañales y pañuelos descartables, y otros usos similares.
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Uruguay ha sido uno de los países de la región que mejor y más pronto ha cumplido los deberes que otros le dictaron. Ya en 1951, una misión conjunta de la FAO y el Banco Mundial hizo una serie de recomendaciones sobre el desarrollo forestal del país, que constituyeron la base de las leyes forestales aprobadas en 1968 y 1987. Su visión implicaba la promoción de plantaciones de especies aptas para la
industria de la madera en el marco de un modelo exportador para el cual el manejo forestal es una actividad empresarial o fabril más.
En 1985, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) vino a estas tierras a estudiar la viabilidad económica y financiera de la instalación de una fábrica de pulpa kraft. Tanta fue su incidencia que el Plan Nacional de Forestación promulgado por el gobierno en julio de 1988 se basa explícitamente en el "Estudio de plan maestro para el establecimiento de plantaciones de árboles y utilización de la madera plantada [sic] en la República Oriental del Uruguay" publicado por la JICA en marzo de ese mismo año, que propulsa la forestación masiva con pino y eucalipto.
Fue luego el Banco Mundial quien aportó en 1989 los recursos que hicieron posible el afianzamiento del modelo exportador forestal de troncos de eucalipto para celulosa. Esa inyección de dineros permitió otorgar una serie de beneficios al sector forestal: exoneraciones de impuestos, reintegro parcial del costo de plantación, créditos blandos a largo plazo, desgravación de impuestos a la importación de maquinarias y vehículos, construcción de carreteras y puentes, igualdad de beneficios para inversiones del exterior. La inversión en el sector se catapultó, a expensas de subsidios pagados por el resto de la sociedad (estimados a la fecha en más de 400 millones de dólares) y de la destrucción de las praderas y los pocos ejemplares remanentes de bosque indígena en áreas de serranía. Otra consecuencia fue el aumento de la concentración de la tenencia de la tierra y su profunda extranjerización, sumado a un incremento del despoblamiento del campo.
El modelo de plantaciones forestales al estilo "desierto verde" se instaló en el Uruguay sin cumplir las promesas de empleo que había hecho; según datos oficiales del Censo Agropecuario generó menos empleos permanentes que la propia ganadería extensiva, considerada hasta ahora la más ineficiente en materia de empleos generados por hectárea. Por otro lado, los pocos empleos creados se hicieron a expensas de los que se perdieron en las actividades que se sustituyeron, y con igual o peor calidad de las
condiciones de trabajo y la remuneración.
Con esos antecedentes y en ese contexto se presentan en 2003 dos proyectos --uno de la empresa española Ence y otro de la empresa finlandesa Botnia, a su vez asociada a UPN/Kymmene-- para la instalación de plantas de celulosa sobre el río Uruguay, que limita con la Argentina, a 5 Km. de la ciudad de Fray Bentos y a poco más del centro turístico de "Las Cañas".
La propuesta de Ence --con un turbio historial de crímenes ambientales en su país de origen-- de instalar una planta de celulosa ECF (ver en este mismo boletín "La obtención de la celulosa") ha sido resistida por
ambientalistas uruguayos y argentinos de ambas márgenes del Río Uruguay (ver Boletín Nº 75 del WRM).
Botnia, de guante blanco y con una oferta de inversión de mil millones de dólares que en el Uruguay devaluado y empobrecido hace brillar los ojos a más de una, también propone la instalación de una planta ECF. Cuenta a su favor con una imagen "más limpia" producto de las estrictas normativas ambientales impuestas en su propio país y de un abordaje más inteligente, con visos participativos, que le granjeó algunos apoyos. Sin embargo, consciente de los problemas que puede enfrentar, se preocupó por lograr que el Parlamento uruguayo aprobara un "Acuerdo con el Gobierno de la República de Finlandia relativo
a la promoción y protección de inversiones", que en realidad tiene nombre y apellido: Botnia. Mediante este acuerdo, la empresa se asegura el apoyo y la protección constante del Estado uruguayo a sus inversiones, previendo incluso la restitución de posibles pérdidas por causa --entre otras—de "manifestaciones".
Es una forma de abrir el paraguas antes de que llueva. Y no en vano. Si bien ante los temores expresados de la posible contaminación del río Uruguay y de la zona se insiste en que la planta proyectada será
totalmente inocua, no es posible negar que estos megaproyectos conllevan grandes riesgos. Y más aún en estas latitudes, donde bien se sabe que los controles ambientales de un Estado desmantelado como el uruguayo son débiles.
El fuerte de las empresas y de quienes las apoyan es la promesa de creación de puestos de trabajo en un medio con un altísimo nivel de desocupación. Pero las cuentas están incompletas, pues no contabilizan las
fuentes de trabajo locales que se perderían justamente por los posibles impactos de las plantas de celulosa --desde el característico olor a "huevo podrido" hasta la contaminación del río-- en el rubro turístico, la pesca, la horticultura orgánica, la apicultura. Y por otra parte, dicho por la propia empresa Botnia, de los prometidos 300 puestos de trabajo, 292 serían ocupados por personal muy calificado, con lo cual el grueso de la población no cambiaría sustancialmente su situación.
Mientras, la sociedad local, nacional y regional ha hecho oír su disenso. La integración de uruguayos y argentinos preocupados por la posibilidad de la instalación de una planta (o dos) de celulosa que contamine el agua y el aire en la cuenca del río Uruguay, común a ambos países, ha tomado forma en la Red Socioambiental. Entre sus múltiples actividades, en octubre del año pasado, la Red planeó un encuentro de uruguayos y argentinos en el medio del puente internacional que une a ambos países, en
las cercanías de la ciudad de Fray Bentos, para expresar su oposición a la planta. La acción, que fue obstaculizada por las autoridades uruguayas y argentinas, cobró no obstante estado público hasta convertirse en tema de Cancillería, y trascendió a los medios poniendo en primer plano una problemática hasta entonces silenciada (ver boletín 75 del WRM).
A su vez, un conjunto de organizaciones uruguayas, tanto locales como nacionales están empeñadas en impedir la instalación de estas plantas y llevan a cabo distintas acciones con ese objetivo, buscando generar conciencia acerca de los impactos que las mismas implicarían y señalando además que ayudarían a consolidar y profundizar el actual modelo de monocultivos forestales que ha resultado social y económicamente nefasto para el país y su gente.
En ese marco, los ambientalistas también han establecido vínculos internacionales con organizaciones y personas de España, Finlandia y Suecia, con el objetivo de intercambiar información, obtener apoyos y
coordinar acciones en los países donde las empresas involucradas tienen su sede.
Al mismo tiempo, las organizaciones que se oponen a las plantas de celulosa han planteado alternativas a las 600.000 hectáreas de monocultivos de árboles resultantes de la promoción de las plantaciones por parte del Estado. En ese sentido, han planteado la necesidad de elaborar un plan nacional para el desarrollo de una industria de la madera (que incluya desde productos de madera a la construcción de viviendas de madera), que genere puestos de trabajo estable para aportar a la gente lo que hoy más necesita: trabajo y mejores condiciones de vida. Que es precisamente lo que estos megaproyectos celulósicos no pueden ofrecer.
Artículo basado en información obtenida de: "Cronología de la lucha desarrollada por diversas organizaciones sociales contra la instalación de la planta de celulosa en Fray Bentos"
Dr. Oscar Galli,
Grupo Guayubira
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